Las organizaciones diseñan productos, procesos y tecnología para ofrecer un valor diferencial, pero sin el equipo adecuado, ese valor jamás se materializa del modo previsto. Esta es una de las ideas que Alfonso Roig, Business Director de Grupo Binternational, planteó en el encuentro Strategy Reinvented, celebrado en Ámsterdam. Una llamada de atención a directivos y CEOs sobre un error estratégico frecuente: dejar fuera de la ecuación la gestión real de personas.

La competitividad futura no depende solo de la tecnología ni de la propuesta comercial, sino de contar con personas capaces de sostener y transformar esos modelos en entornos cambiantes

Aunque se invierta en tecnología, canales y procesos de vanguardia, la ausencia de profesionales alineados con la estrategia y capacitados para ejecutar lo previsto limita el impacto final. En palabras de Roig, «hay una enorme diferencia entre el equipo que puedes permitirte y el que realmente necesitas». Esa brecha se traduce en demoras, fallos en la entrega y una experiencia de cliente que no alcanza las expectativas.

Integrar personas en el diseño estratégico

Uno de los mensajes trasladados en el encuentro internacional fue la necesidad de revisar los aspectos que generan esa desconexión entre estrategia y personas. Alfonso Roig equiparó sus consecuencias a un apagón: pérdidas en facturación, beneficios y reputación. La estrategia puede ser excelente en papel, pero si no considera la realidad del equipo que debe ejecutarla, el modelo falla.

El desafío para los CEOs no está solo en establecer proyecciones de plantilla, sino en conectar su modelo de negocio con la coyuntura real de sus empleados. Esto implica preguntarse cómo reacciona la organización en momentos críticos, qué cultura la cohesiona y con qué claridad se comunica a los equipos qué se espera de ellos.

La competitividad se juega en las personas

El informe State of the Global Workplace de Gallup advierte que el 57% de los profesionales europeos considera 2025 un buen año para cambiar de empleo y el 30% ya lo está buscando. En este contexto, muchas empresas dibujan estrategias ambiciosas sin contar con la estabilidad o el talento necesario para cumplirlas.

Esto no solo afecta a la productividad interna. Los clientes y administraciones públicas valoran cada vez más la solidez del equipo que respalda los proyectos. La falta de consistencia en ese aspecto puede suponer quedar fuera de procesos de homologación o erosionar la experiencia de cliente, elementos clave para el posicionamiento corporativo.

La competitividad futura no depende solo de la tecnología ni de la propuesta comercial, sino de contar con personas capaces de sostener y transformar esos modelos en entornos cambiantes. Integrar de forma realista el factor humano en la estrategia organizacional no solo reduce riesgos operativos, sino que garantiza una mejor capacidad para anticiparse, innovar y mantenerse relevantes en un mercado cada vez más exigente.


Fuente: RRHH Digital





6 de mayo 2025