La movilidad sostenible se ha convertido en un eje estratégico con impacto directo en la eficiencia operativa, la competitividad y la capacidad de las organizaciones para adaptarse a un contexto en rápida evolución. Su relevancia trasciende la dimensión tecnológica o normativa, y se posiciona como un factor integrador que conecta sostenibilidad, rentabilidad y experiencia de usuario. A su vez, impulsa la exploración de nuevas palancas de negocio, colaboración multisectorial y modelos operativos más resilientes y adaptativos.