En plena transformación empresarial, los modelos tradicionales de liderazgo muestran sus límites frente a entornos cada vez más volátiles y desordenados. Frente a esta realidad, las organizaciones necesitan formas de gestión capaces de movilizar el talento colectivo, adaptarse con rapidez y mantener cohesionado al equipo ante escenarios inciertos.

Inspirado en la organización natural de las abejas melíferas, el concepto de enjambre de liderazgo se presenta como una estrategia que prioriza la colaboración, la inteligencia colectiva y la flexibilidad operativa. Un modelo que algunas grandes compañías ya están incorporando para transformar sus dinámicas directivas y anticipar los desafíos del futuro.

Liderar como un enjambre: propósito común y agilidad

El enfoque de liderazgo en enjambre parte de una premisa clara: todas las personas del equipo deben compartir un propósito común y colaborar desde sus capacidades para lograrlo. Como ocurre en una colmena, donde miles de abejas trabajan coordinadas con roles específicos, las organizaciones deben estructurarse para que cada miembro aporte valor según su experiencia, momento y contexto.

Ignacio Mazo, vicepresidente en BTS para Europa y Latinoamérica, lo resume con claridad: “El liderazgo emerge de la interacción colectiva, no de una figura única. Hay que aprovechar la capacidad del grupo para innovar, decidir y resolver problemas de forma ágil, eliminando burocracias y permitiendo ciclos rápidos de experimentación”.

Claves para impulsar el liderazgo, desde la colmena

Para trasladar este enfoque a la práctica, se identifican cinco capacidades directivas esenciales:

  • Movilizar la acción colectiva hacia un propósito compartido, manteniendo el foco en los objetivos estratégicos y reconociendo avances que refuercen la motivación.
  • Fomentar la cercanía y la empatía, generando entornos de seguridad emocional y comunicación abierta que faciliten la confianza y el compromiso.
  • Aprovechar el impulso organizativo, simplificando procesos y tomando decisiones rápidas en momentos clave.
  • Abordar la disrupción como oportunidad, promoviendo la actualización constante de capacidades y espacios seguros para ensayar nuevas ideas.
  • Facilitar el crecimiento individual y colectivo, fomentando la autonomía, la responsabilidad compartida y una cultura que valore la aportación de cada persona.

Este modelo no solo mejora la resiliencia organizativa, sino que permite crear ecosistemas profesionales donde cada integrante se sienta valorado y protagonista del éxito común. Una estrategia que, como en la naturaleza, marca la diferencia entre sobrevivir o prosperar en un entorno en permanente cambio.


Fuente: Expansión





3 de junio 2025