En pleno siglo XXI, la vida corporativa ofrece un escenario narrativo único, lleno de conflictos, tensiones y oportunidades estratégicas que rara vez han sido exploradas en la literatura en castellano o gallego.
El mundo audiovisual refuerza esta idea: series como Succession, Billions o Mad Men, y películas como Wall Street o The Social Network, muestran que la empresa es un motor dramático potente y universal
Aunque la narrativa ha situado sus historias en hogares, aldeas o círculos íntimos, el universo empresarial contiene un potencial dramático incomparable: jerarquías, alianzas, traiciones, luchas por el poder y decisiones capaces de alterar carreras y destinos personales. La riqueza de roles, intereses y ambiciones que coexisten en una organización proporciona un material narrativo casi ilimitado.
Mirar dentro de la empresa: personajes, reglas y propósito
El primer ingrediente de este relato es el personaje corporativo. Una empresa alberga decenas o cientos de individuos cuyas relaciones se entrelazan en vertical, horizontal y diagonal. Sus ambiciones, filias y fobias permanecen latentes hasta que emergen en momentos decisivos.
Además, la arquitectura normativa introduce tensiones constantes: organigramas, objetivos, competencias y sistemas de incentivos crean un terreno fértil para el conflicto y la estrategia. A diferencia de la familia, cuyo propósito es la estabilidad, la empresa es un organismo dinámico que debe crecer, innovar y reinventarse, generando un flujo constante de situaciones narrativas.
Apariencias, lealtad y traición como motor dramático
En la empresa, cada individuo construye cuidadosamente su imagen, busca competencia, eficacia y reconocimiento y maneja sus errores y aciertos con cuidado. Este teatro cotidiano de apariencias es un caldo de cultivo para historias que capturan el interés del lector ejecutivo y creativo.
La lealtad corporativa es efímera y, a menudo, contingente. Los despidos, promociones o cambios de estrategia introducen conflictos intensos y traiciones que en el relato literario funcionan como catalizadores dramáticos. Ejemplos internacionales como La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe, American Psycho de Bret Easton Ellis o Y entonces llegamos al final de Joshua Ferris demuestran cómo la vida corporativa puede transformarse en literatura de primer orden, un recurso inexplorado en nuestras letras.
Empresas como territorios narrativos del futuro
El mundo audiovisual refuerza esta idea: series como Succession, Billions o Mad Men, y películas como Wall Street o The Social Network, muestran que la empresa es un motor dramático potente y universal. Incorporar este universo en la narrativa literaria gallega y española puede abrir nuevas posibilidades de exploración cultural, donde la ficción y la realidad corporativa se entrelazan, revelando estrategias, dinámicas de liderazgo y dilemas humanos que definen el éxito o fracaso de las organizaciones.
Con su novela Cen Ilíadas, Marcelino Fernández Mallo transforma la experiencia profesional en narrativa, recordando que quizá ha llegado el momento de que las empresas ocupen un lugar central en la literatura contemporánea, no solo como telón de fondo, sino como protagonistas con voz propia.
Fuente: Economía Digital